lunes, septiembre 15, 2008

El conde de Montecristo (Alejandro Dumas)

Los que nos dedicamos a la literatura corremos un riesgo altísimo al hablar de libros, sobre todo al hablar de libros bueno. Muchas veces pretendemos explicar un libro en clase: Señores, hora de lengua, voy a explicarles la vida es sueño de Calderón, a ver este poema de Pedro Salinas: una metáfora por aquí, una aliteración por allá y ya está, pasamos a la sintaxis: el complemento directo...
Esta realidad: la de explicar literatura como quien explica matemáticas, genera muchas veces un problema que podría asemejarse a uno cuartos de final de la champions contra un equipo italiano. Igual que el equipo italiano encierra su portería tras los 11 jugadores para impedir la llegada del gol y sale a la contra en el minuto 92 metiéndote un gol que te deja cara de tonto y por supuesto fuera de la champions. De igual forma, digo, tantas veces los profesores nos dedicamos a colocar trabas a los alumnos impidiéndoles muchas veces disfrutar con la literatura y además rematamos la faena con una precisa explicación del complemento indirecto tras los versitos aniquilados de salinas.
En resumen y para no enrollar al personal, la labor del profesor de lengua con la literatura debe ser de puente, no de muro. Esto pasa con los libros buenos, porque son los que realmente tienen que ser descubiertos, con los libros malos la labor de muro del profesor es encomiable.

¿A santo de qué coloco aquí este bloque? Bueno digamos que hoy quería hablar de un gran libro: el conde de Montecristo y me planteaba yo mismo mi propia incapacidad para trasmitir lo maravilloso que es sumergirse en la lectura de este libro. Cómo explicar el encuentro con el abate faria, cómo entender qué la rabia y la impotencia del lector sea similar a la rabia y a la impotencia de Edmundo Dantés. No se puede. Este libro de casi 800 páginas es palabra a palabra un viaje vibrante de emociones, fatigas, enfados, miedos. Todo eso que aparece aquí es lo que siente el lector a cada vuelta de página. De pocos libros hay unanimidad entre mis amigos y este recibe una calificación que oscila entre bueno y tremendo.

Matizaremos también algo respecto al tema de la venganza, tan presente en el libro. Es cierto que el conde es vengativo, majestuoso, pero vengativo y que además su forma de vengarse es tan decididamente elegante que logra, si no la aceptación, sí la admiración del lector. Pero Dumas, consagrado autor de folletines (best seller de la época), experto en engarzar la acción, sabe también algo del hombre y lo refleja sin duda en esta obra. La venganza del conde tiene un precio que habrá de pagar el mismo conde. Con cada venganza, con cada acción mala el conde se hace malo y él se da cuenta, se da cuenta de que la venganza le asemeja cada vez más a aquellos que odia y es tal esa conciencia del mal que llega a manifestarlo él mismo ante su última víctima: "te perdono porque yo también necesito ser perdonado" Y el perdón como siempre (esto dará para otra entrada) llega de la mano de Sonia, de Natacha, de Haydea, del amor en definitiva. De un amor, mal que les pese a algunos de mis lectores, que también se escribe en mayúscula por ser nombre propio.

6 comentarios:

Javier García dijo...

a) otra vez gran texto.
b) entra en centrocampismo o mediocentrismo o algo así, el blog que tengo linkado en el mío. son escritores hablando de fútbol. yo de ti les mandaba el texto (el principio), sin más. creo que les va a gustar.
c) me ha recordado el texto a un profesor de infausta memoria (no sé si la suya era infausta; a lo que me refiero es a que mi memoria se infaustiza cuando le recuerda). tenía nombre de paraje pastoril. él aniquilaba todo, todo. la pasión por los libros que me transmitió fue cero. jamás un cero fue tan exacto. (pero es buen tipo, no te creas).
d) ojo con que un libro no se puede explicar. está claro que no se puede transmitir lo que has sentido. de todos modos, no es transmitir lo que has sentido hacer una reseña, sino presentar al lector un libro, apartarle un poco las cortinas. no?

Mundi dijo...

a) Gracias
b) OK
c) Del dicho al hecho hay un trecho. Dudo de que haya profesores de lengua que aboguen por el infanticidio lector. Lo que pasa es que es complicarse la vida, ya de por sí complicada.
D) Ok, dejar entrever por la cerradura, ¿más o menos no?

Fón dijo...

Oh brutal libro... Pero tranqui, no lo haces de profe soporifero. Y sí, estoy de acuerdo que se puede dejar el muro para los bodrios.. Pero supongo que no es fácil ¿no? La literatura es maravillosa pero enseñar a leer, o mostrar lo que aporta la lectura... no deja de ser difícil. Pero a por ello.

Javi dijo...

mi hermano josemaria se lo ha leido

Iñigo Eguzkiza dijo...

He terminado en este blog desde otro blog, "delibrosqueleo", de mi hermano Ion. Sólamente dos cosas. El Conde de Montecristo es, para mí, enorme, como lo es La Cartuja de Parma, por ejemplo; es uno de los libros que he releido. Respecto de la labor de los profesores de literatura, tuve de los dos tipos: uno fabuloso en 3º de BUP (!leimos el Quijote y nos gustó, con 17 añitos¡) y uno terrible antes y después, que casi me quita las ganas de leer para siempre.

Mundi dijo...

Lo que confirma 2 teorías:
a) de libros que leo es el mejor blog sobre literatura y cine.
b) hay mucho profesor que tendría que dedicarse al funambulismo.